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FAKALI, CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Hoy, 25 de noviembre, se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en recuerdo del asesinato de las hermanas Mirabal en República Dominicana. No puede negarse, que este tipo de violencia constituye una violación fundamental del derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad, a la dignidad, a la igualdad entre personas, a la no-discriminación y a la integridad física y mental de las mujeres, a las que se les está asesinando por su propia condición de ser mujeres.

La Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas tiene entre sus principios la lucha contra cualquier tipo de violencia que atente contra los derechos fundamentales y la dignidad de las personas. Nuestro trabajo aspira a erradicar la violencia estructural que padece el Pueblo Gitano y todas las formas de Antigitanismo que aún persisten. Y, como mujeres, representantes de este movimiento social, también estamos comprometidas con la lucha contra las desigualdades de género en todas sus manifestaciones.

La violencia contra las mujeres, solo por el hecho de serlo, se suma en nuestro caso a las violencias que provienen de nuestra circunstancia histórica de discriminación por el hecho de ser gitanas. Ser mujer y ser gitana, nos sitúa en una situación de especial vulnerabilidad frente a la discriminación y la violencia que tenemos afrontar. Por eso hoy, participamos y apoyamos las acciones contra las múltiples formas de violencias de género que existen.

Aprovechamos esta jornada para lanzar un mensaje a la sociedad reclamando una revisión sobre los instrumentos y las medidas que se articulan para eliminar la violencia de género desde la administración y el ámbito jurídico; estas medidas tienen que contemplar la diversidad de situaciones y realidades de las mujeres, teniendo presente también a las mujeres gitanas. En nuestro caso, las condiciones de discriminación y exclusión social sirven como agravante de la situación de desigualdad de género, y esto debe ser tenido en cuenta a la hora de promover medidas para el acceso a los actuales recursos indispensables para eliminar la violencia de género, pero que no llegan a todas las víctimas.

Por todo ello, en FAKALI, desarrollamos proyectos encaminados a dotar de instrumentos y conocimientos a los profesionales, agentes e instituciones. Un fundamento sobre el que se articula un plan de actuación integral que abarca desde la formación en la escuela a la colaboración activa con las principales instituciones sociales y democráticas para el reconocimiento de las diversas formas de violencia de género que condicionan la realidad de todas las mujeres y también de las gitanas. En esta línea, Fakali ya intervino en el Grupo de Trabajo relativo al análisis y revisión de la situación y medidas para la promoción de la igualdad de género y contra la violencia de género del Parlamento de Andalucía.
 
El silencio de cualquier administración, de nuestros gobernantes o de una parte de la sociedad sobre esta realidad es un golpe más en nuestros cuerpos que niega una realidad insostenible que lleva el nombre de las 52 mujeres asesinadas este año por sus parejas o exparejas, y que atenta duramente contra las aspiraciones por una sociedad libre de violencia machista. Víctimas que merecían una declaración expresa por parte de las instituciones democráticas que nos representan a todos y todas, incluyendo a estas mujeres asesinadas.

Sobre las mujeres gitanas también pesa la responsabilidad añadida de ser referentes dentro y fuera de nuestra comunidad, reclamándonos un esfuerzo multiplicado para luchar contra la desigualdad que sigue existiendo. Pero por mucho motor de cambio que nos definan a las gitanas, sin políticas ni estrategias específicas que garanticen la incorporación plena de los gitanos y de las gitanas a todos los niveles y los ámbitos de la sociedad no carburaremos. No hay motor de cambio ni piezas posibles si no hay ruedas que nos desplacen para recorrer nuestro propio camino. Porque al hablar del pueblo gitano en general, y de las mujeres gitanas en particular, no se trata sólo de aceptar y respetar las diferencias, sino además de legitimar su valor y educar a la ciudadanía en los principios éticos de una convivencia intercultural que incumbe a todas las esferas de la vida social, tanto a las interacciones cotidianas como a las relaciones institucionales.

Por eso reclamamos campañas específicas o que contemplen la especificidad de las mujeres gitanas como una identidad más con sus peculiaridades, para que se sientan partícipes de los procesos de avance hacia la igualdad de género. Campañas que se unan a las medidas de sensibilización para implicar a toda la sociedad en la eliminación de esta lacra social; a los programas de prevención de la violencia de género, prestando especial atención a los menores expuestos a esta violencia; a la coeducación, para prevenir conductas discriminatorias en todos los tramos de la enseñanza; a la atención integral y a la coordinación institucional, para evitar duplicidades y actuar con mayor eficacia y eficiencia.

Hay un largo camino por recorrer. En nuestra Federación se viene trabajando anualmente con más de 2000 mujeres, incluyendo a sus respectivas familias, poniendo nuestra atención en proyectos dirigidos a la salud, la formación y el empleo. Pero muy especialmente en la parte educativa, que es el gran reto que tenemos que superar. Apostamos por la educación en igualdad desde la infancia, eliminando estereotipos y, sobre todo, en la adolescencia, puesto que la educación desde el respeto y la igualdad es la vía principal para evitar los malos tratos y combatir esta lacra social. Tenemos por delante un trabajo de transformación social en todas y cada una de las esferas del ámbito económico, político y social, pero estamos aquí para denunciar y condenar cualquier tipo de violencia que se ejerce sobre la mujer: el maltrato físico, que deja marca y duele, que humilla y somete; el abuso verbal y maltrato psicológico, que destruye, anula y aniquila la individualidad de la mujer; y el maltrato sexual, que cosifica y denigra.