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Pacto contra el Antigitanismo

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Estrategias de Intervención en Materia de Salud con la mujer Gitana

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La sociedad gitana en la prensa Andaluza

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Un año más nos alcanza una fecha marcadamente importante en nuestro calendario, pues el 8 de marzo se llena de motivos para que las mujeres salgamos a las calles para reclamar nuestros derechos. Motivos nos sobran. Tenemos como sociedad una cantidad de cuestiones aún que superar en materia de género, y somos nosotras las que debemos continuar alzando nuestra voz, pues atravesamos unos momentos determinantes para la construcción de un futuro en el que ser mujer no sea motivo de opresión. Debemos mirar al frente con osadía para seguir sembrando un futuro feminista desde el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la sororidad y la interculturalidad, pues el feminismo no tendría sentido si no es decidida y descaradamente antirracista.

No vamos a descubrir nada nuevo cuando desde FAKALI exclamamos que las mujeres gitanas nos topamos con muros de hormigón en vez de techos de cristal. Es la representación más fidedigna de la situación en la que nos encontramos, pues todavía se dan en este siglo XXI situaciones como las esterilizaciones forzosas para impedir la reproducción gitana. Suecia, Eslovaquia o República Checa lo han hecho durante más de cien años y qué poco se habla de ello. Tenemos esos muros de hormigón cuando se habla de los primeros movimientos feministas en España o más concretamente en Andalucía y se silencian las historias de las muchas mujeres gitanas subversivas que formaron movimientos obreros, como los de las cigarreras ¡Y qué poco se habla de ellas! Pasa igual cuando a nuestras primas y tías que lucharon con uñas y dientes contra los nazis en Auschwitz Birkenau o siglos antes durante el primer genocidio antigitano de Europa, como fue la Gran Redada, se les silencia, pasando de puntillas sobre el día de la Resistencia Romaní o la nefasta época de las pragmáticas en estudios y publicaciones. Sucede cuando se realizan manifiestos por la equiparación de derechos para las mujeres y a las pertenecientes a las minorías étnicas se nos obvia y olvida ¡No estamos en la teoría feminista! De hecho, incluso parte de la sociedad se sorprende cuando decimos que el feminismo kalí existe y que es mucho más que centenario. Entonces el muro de hormigón se transforma en miradas indiscretas bajo el desconocimiento de la identidad de nuestro Pueblo.

Claro que fueron y son feministas nuestras madres y nuestras abuelas, como lo fueron Papusza o Gina Ranjicic (madre de la poesía en romanó) o Sofía Kovalévskaya (primera mujer profesora de Universidad de matemáticas en Europa), pero aun así no hay nada menos aproximado hacia la realidad gitana que dibujar sobre las nuestras a mujeres ancestrales, ancladas en el tiempo y alejadas de toda revolución. Quizás se olvidan de las canasteras, de las jornaleras o de las matronas -de las que hay evidencias desde antes incluso de la Revolución Francesa-. ¿Se olvidan de las cigarreras, de las vendedoras ambulantes o incluso de las cantaoras y bailaoras? Hablamos de oficios que la mujer gitana lleva protagonizando hace siglos, contribuyendo al motor económico de nuestro país y que conquistó con su esfuerzo y su trabajo, pero que la sociedad se olvida de nombrar y recordar. Hablamos de las mujeres que han sido ignoradas en la historia dominante. Así, como lo que no se recuerda finalmente no existe, somos nosotras las encargadas de mantener vivo ese legado y las enseñanzas de nuestras madres y tías. Por eso nuestro orgullo de ser mujeres y ser gitanas. A pesar de que nos ven como nos quieren ver… Somos la huella que la historia no ha podido borrar.

“Mis gitanos… ¿dónde están mis gitanos?”, decía en 1969 en su lecho de muerte Pastora Pavón, La Niña de los Peines. Otra de nuestras referentes del feminismo kalí, que derribó los prejuicios por ser mujer, gitana y cantar flamenco, género profundamente patriarcal y que por cierto revolucionó. Hoy haríamos una versión de esa histórica frase para preguntarnos: ¿Dónde están nuestras mujeres gitanas en los discursos, en las reclamaciones y en los estudios que versan sobre la igualdad de género? Nuestra revolución, la de las gitanas, continúa y nadie la va a parar. Del Parlamento Europeo al Congreso de los Diputados, y hasta el último barrio donde nuestras primas y tías están. No hay mayor sororidad. Juntas hasta derribar los muros del machismo, del racismo y del antigitanismo. Pues somos Gitanas Visibles y, por tanto, ¡Gitanas Invencibles!

¡Opré romnia!

¡Adelante las mujeres gitanas!